En sus palabras
Cuando tenía 17 años vivía en España. Fue allí donde encontré a un nativo de la selva Amazónica que me reconoció como su alumno. Viajé con él a las selvas del Perú donde pase muchos años aprendiendo e integrando la nueva cultura que estaba viviendo. Ambos nos adentramos en la jungla, en la selva virgen. Por mucho tiempo seguimos una alimentación muy especial, una alimentación muy estricta y seguíamos periodos de silencio de hasta un mes de duración.

Fue en este momento cuando mi maestro me abrió las puertas de la espiritualidad Amazónica. El me enseño a conectar con los espíritus de las plantas y a tener una relación de amistad con ellos. Los espíritus me enseñaron mucho sobre sus propias cualidades físicas, así como espirituales. Estos seres me enseñaron el antiguo arte de la sanación Chamánica. Yo estuve muchos años aprendiendo este camino, hasta que un día, las plantas me enviaron a ayudar a la gente por todo el mundo.
Y eso es lo que estoy haciendo ahora y es lo que continuaré haciendo hasta que me guíen hacia otro camino.
El mundo espiritual de las plantas, los árboles y los ríos es un mundo que vivimos más profundamente a través de nuestra propia experiencia. Es una experiencia vivencial que solo puedes comprobar viviéndola.

La base de la cosmovisión indígena, la forma una poderosa planta maestra. Esta planta es una liana, que en Quechua la llamamos Ayahuasca. Esta palabra significa “La soga de los espíritus”. Esta planta es el centro del Chamanismo en la selva. La Ayahuasca es reconocida como la madre de todas las plantas. Cuando bebemos esta liana se abre un profundo cambio en nosotros y nos adentramos en una realidad superior.
Una vez dentro el espíritu de la planta, nos revela muchísimas cosas sobre la vida y sobre nosotros mismos. En este proceso nuestras estructuras internas y nuestros patrones mentales afloran a la superficie, y una vez las vemos podemos trabajarlas, reconocerlas, aceptarlas y desarrollar nuestra salud interior.
Es un trabajo espiritual profundo.

La Ayahuasca nos abre las puertas de la percepción de nuestro mundo interior. Reconociendo de esta manera nuestros patrones antiguos, nuestras fuerzas y nuestras debilidades y comenzamos a ver, oír y sentir en un orden superior, en nuestro ser verdadero. Así reconectamos con nuestra verdadera esencia y podemos reconocer que somos parte del universo, que todo esta conectado y que la vida es solo un paso en nuestro maravilloso paseo por la existencia. Es una experiencia profunda de florecer hacia la libertad espiritual, una experiencia transformativa que nos enseña en muchos niveles.
Cuando entramos en este reino espiritual debemos tener el deseo y la apertura necesaria para esta experiencia. Si no tenemos este deseo, o no está en este momento concreto, no hay nada de que preocuparse.
Como decimos en la selva ...
"La Ayahuasca es para todos pero no todos son para la Ayahuasca".
Si esta medicina sagrada te llama, que maravilloso. Si no, que bonita es la vida igualmente.